En una hipoteca a tipo fijo, el interés se pacta al inicio y no cambia durante toda la vida del préstamo, sin importar lo que haga el mercado. Esto da certeza total: sabes exactamente cuánto vas a pagar cada mes durante 20 o 30 años.
En una hipoteca a tipo variable, el interés se compone de un diferencial fijo más un índice de referencia (normalmente el Euríbor), que se revisa cada 6 o 12 meses. Si el Euríbor sube, tu cuota sube; si baja, tu cuota baja.
Históricamente, las hipotecas variables han salido más baratas a largo plazo en la mayoría de periodos, pero a cambio de asumir el riesgo de subidas de tipos, que pueden ser significativas en periodos de inflación alta, como se vio en 2022-2023.
La hipoteca fija suele partir de un tipo de interés algo más alto que el variable en el momento de la firma, como "prima" por la certeza que ofrece.
Sea cual sea tu caso, puedes calcular la cuota mensual exacta con el tipo de interés que estás valorando (fijo o el tipo actual si es variable) en la calculadora de hipoteca, para comparar escenarios antes de firmar.